Porqué las Personas de Color Deben Preocuparse Sobre el Oleoducto Keystone

Escrito por: Phaedra Ellis-Lamkins, Directora Ejecutiva de Green For All

Traducido por Marta Donayre También
publicado en ingles en el Daily Kos. Lea el original aquí.

Súper tormentas. Sequías devastadoras. Incendios forestales descontrolados. Temperaturas récord. No hay duda alguna, el cambio climático se ha vuelto imposible de ignorar. Y mientras que es alentador el ver a más y más americanos unirse al llamado de acción valerosa sobre el clima, hay un asunto del cual aún oímos muy poco al respecto: el impacto del calentamiento global en comunidades de bajos ingresos y personas de color.

El huracán Katrina nos enseñó una lección, y la súper tormenta Sandy la reforzó. Las personas que viven en vecindarios con pocos recursos tienen más dificultades en escapar, sobrevivir, y recuperarse de desastres. Y ellos son más vulnerables a los climas extremos que el cambio climático causará. Por ejemplo, afroamericanos viviendo en Los Ángeles el doble de probabilidad de morir durante una onda de calor que otros residentes de la ciudad. Esto es porque ciudades desarrollan lo que se llama “islas calientes” que son creadas por una abundancia de concreto y asfalto. Áreas urbanas son propensas al efecto de islas calientes y son más densamente pobladas por personas de color; y las personas que viven en estas áreas suelen tener acceso limitado a carros y aire acondicionado.  

Mientras tanto, comunidades de color vienen sufriendo los efectos a la salud por la polución del cambio climático por hace ya mucho tiempo. Sesenta y ocho por ciento de afroamericanos viven dentro de 30 millas de una planta de carbono, una de las mayores fuentes de polución de carbono en América. Esto puede explicar porque los niños afroamericanos tienen un índice más alto de asma –uno en seis, comparado con uno en diez a nivel nacional.

A lo que América encara una decisión, como en este momento, sobre acelerar el cambio climático o lucharlo con toda nuestra fuerza, es mucho más que un asunto del medio ambiente. Es un asunto de salud pública y de derechos humanos.

Es por eso que el oleoducto Keystone XL es de gran preocupación.  El petróleo que este cargaría es el más sucio del planeta, creando tres veces más contaminación de carbono que el petróleo regular. Es como esteroides para el cambio climático. Y la cosa se pone peor. La actividad minera en las arenas alquitranadas destruye grandes áreas de florestas, arruinando la habilidad natural del planeta de luchar contra el calentamiento global. El proceso de extracción mata la vida silvestre, y deja en su paso piscinas de agua sucia y fango. Niveles altos de arsénico, mercurio, y plomo han sido encontrados en los sitios de arenas alquitranadas en Canadá. Por lo tanto, no es sorprendente que las tribus indígenas que viven cerca a estas operaciones han levantado su voz sobre los altos índices de cáncer y enfermedades en sus comunidades. Aquí en América, el petróleo tóxico transportado por el oleoducto acabaría en Port Arthur, Texas; una comunidad predominantemente negra y Latina que ya está plagada por problemas de salud causados por la contaminación. Este número masivo de refinerías petroleras en el área es culpado por el hecho de que los residentes del área tienen una probabilidad de más de 50% de contraer leucemia. Y el oleoducto Keystone adicionará millones de barriles de crudo de arenas alquitranadas sucias a la mezcla tóxica.

El permitir el oleoducto representaría una aprobación catastrófica al cambio climático de parte del Presidente Obama y nuestros líderes nacionales. Sería como el levantar nuestras manos al aire sin esperanza en luz de la mayor amenaza que nuestro país ha encarado. Este no es el tipo de liderazgo por el que votamos. Hay ciertos momentos en la historia, como el Movimiento de Derechos Civiles, cuando las consecuencias de la falta de acción son tan grandes que tenemos que tomar decisiones sólidas. Esta es uno de esos momentos.

En vez de permitir que prosigan proyectos de energía sucias como Keystone, debemos redoblar nuestras inversiones en energía limpia y en el tipo de infraestructura que hará con que comunidades sean más resistentes a los efectos del cambio climático. El hacer eso no solo construye comunidades fuertes, pero tiene en beneficio adicional de crear oportunidades económicas capaces de levantar a la gente de la pobreza. Estas inversiones crean empleos buenos y saludables, empleos que no pueden ser enviados a otros países. Por ejemplo, el solamente arreglar la desastrosa infraestructura de agua crearía 2 millones de empleos, a la vez que ayudaría a manejar inundaciones y olas de calor.

Estamos cometiendo un error si tratamos a proyectos como el oleoducto Keystone como un asunto ambiental alarmante solo para las personas que pueden darse el lujo de preocuparse por tales cosas. El oleoducto –y el cambio climático– crean una gran amenaza a la salud y seguridad de nuestras comunidades más vulnerables. Y tenemos una obligación moral de levantarnos y luchar.

Y si lo hacemos bien, podemos asegurarnos que las personas de color y americanos de bajos ingresos tengan acceso al mundo de oportunidades que es creado por respuestas inteligentes e innovadoras al cambio climático. Podemos crear un mundo más seguro, saludable y próspero para todos nuestros hijos y nietos.

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